Cuentos y leyendas de la Lelolandia y otras narraciones cortas

No soy crítico literario, tampoco soy filólogo, mucho menos lingüista. Tampoco soy semiólogo.  Soy, fundamentalmente, aprendiz de periodista. Mientras eso llega he formado parte de las redacciones de diversos periódicos y agencias de noticias, así como locutor, reportero y comentarista de deportes en radioemisoras de Ponce. En fin, nadie es perfecto.

Sin embargo, en esta ocasión quiero compartir un comentario sobre una obra muy interesante en la que se puede encontrar narrativa, poética, musicalidad y denuncia.

Se trata de una obra de Antonio Blasini Gerena. Es artista gráfico, también es un compositor y Etnomusicólogo que saca tiempo para el Periodismo y como si fuera poco, se destaca como poeta y narrador.

Lelolandia 1Ha publicado mucho, compuesto mucho y cantado mucho. Ahora nos presenta bajo la edición de José Luis Figueroa de la Editorial Tiempo Nuevo,  Cuentos y Leyendas de Lelolandia, y otras narraciones cortas.

En la portada del libro aparece la viñeta Libertad, del gran ilustrador Quino, creador de la querida Mafalda.

La obra está dividida en dos partes, Los Cuentos y Leyendas, y las Narraciones Cortas. Todas se construyen predominantemente con una letra.

Los Cuentos y Leyendas, muestran los relatos De enanos y emperadores, De monigotes, místers y macheteras mundanas, Referente sobre reclusas Reuniones entre Renos y Ratas, Apuntes y Análisis sobre Artículos de Antiguo Antidiario Antillano, De Poetas Pasionarios y Prosélitos Periodistas, De Deambulantes, Detectives y Dandis Demócratas, De Lobos, Latifundistas y Lacayos Libidinosos.

En las narraciones cortas nos presenta los relatos breves sobre el Cantor colaboracionista de la colonia,  Sobre narradores nihilistas y Del Junta Jotas.

Blasini Gerena nos presenta en su obra gran maestría sobre el lenguaje, musicalidad en su ritmo, colorido en sus descripciones, y una capacidad extraordinaria para captar la caricatura que se presenta como realidad.

Además exhibe una aguda perspectiva política, un ojo social certero y una mirada creativa sobre la sociología política.

A través de la lectura de su obra, Blasini Gerena me ha hecho recordar a escritores que tenemos en nuestra biblioteca pero que releemos poco, aunque los citemos mucho.

Su manera de narrar estos relatos me hicieron recordar a Luis Rafael Sánchez con su Guaracha del macho Camacho, “el primer rap borincano” en el que el uso y abuso de la palabra y sus cacofonías nos musicalizaron una estampa de nuestra realidad colonial y sus entretelones del poder.

Blasini Gerena, como los músicos del Jazz explora su instrumento, la palabra, hasta sus máximas posibilidades de cada letra y de todas las letras, de cada palabra y todas las palabras. Este es un ejemplo.

  • “…y fue entonces que esmeradamente, con sus excepcionales entendederas de encantador que el tal elucubró una espesa y efervescente emulsión a ser elaborada con extracto de entrelicias, de endrinas y esquinaceas, de estambres de espirulina y estramonio para darles a embeber y así espabilar,, no al escuadrón del ejército extranjero ni tampoco a los energúmenos enanos electos en las engañosas elecciones del Enclave, sino exclusivamente a los ejemplares enanos que esperaban con esperanza emanciparse de su enemigo para elevadamente enarbolar al fin su propio estandarte, su sola enseña, su Sola Estrella…” (p.12 de enanos y emperadores)

No solo me ha hecho recordar al locutor, actor, dramaturgo y narrador de Humacao. También me han recordado a Umberto Eco, quien nos aclaraba en sus ensayos Sobre literatura, que nunca ha dejado su pasión creativa mediante el ejercicio doméstico del relato oral, el juego paródico de sus Diarios mínimos y, fundamentalmente, “haciendo de todos mis ensayos críticos una narración”.

LelolandiaBlasini Gerena, entra en ese espacio en el que lo lúdico de la parodia se convierte en un ensayo crítico de la narración y al mismo tiempo en una denuncia política y social.

No escapa a su tinta, o lápiz, o teclado las funciones de la palabra, el símbolo, la paradoja, el estilo, el espacio o la ironía intertextual, como Eco y Sánchez.

En esta obra hay semiótica,  también semántica, lexicología, lexicografía, onomástica, simbología, iconografía e iconología.

Blasini Gerena, destroza el discurso oficialista y lo desenmascara, precisamente con un lenguaje que lo acusa. Como quien no quiere la cosa.

Y no me olvido de aquella frase de Kundera, “La vida, cuando uno no puede esconderse de los demás, eso es el infierno”. Precisamente lo que ha construido Blasini Gerena con sus relatos, es impedir que nos escondamos de los demás.

Aunque muchos visualizan en Kundera a un gruñón uraño que se esconde de los demás para no ver el infierno, nunca se ha olvidado: ni de la literatura, ni de los buenos chistes como aseguró en 1980 en una entrevista con el novelista Philip Roth a raíz de la publicación de El libro de la risa y el olido.

“Aprendí a valorar el humor durante la época del terror estalinista”, expresó en aquella ocasión Kundera a Roth, que para aquellos días era editor para Penguin Books de la serie Escritores de la otra Europa.

“Tenía veinte años. Para identificar a alguien que no fuera estalinista, al que no hubiera que tener miedo, bastaba con fijarse en su sonrisa. El sentido del humor era una señal de identificación muy fiable. Desde aquella época, me aterroriza la idea de que el mundo está perdiendo el sentido del humor”, relató Kundera.

Y esta obra de Blasini Gerena, me lleva a reflexionar sobre esas palabras de Kundera, ya que con su Lelolandia, nos permite encontrar una señal muy fiable a través del humor captado mediante su voz de infinitas posibilidades de la palabra.

Lelolandia es una especie de manicomio en la que todo se mira con el ojo del engaño, y del miedo, por lo que hay que desmontarla para apalabrarla. Poblarla de nuevas palabras.

Blasini Gerena juega con la palabra, se apodera de ella, la somete y se somete a ella, juega y acusa al político como también al periodista, al poeta, al intelectual, juega y denuncia, juega y destruye mitos, juega y construye una realidad.

Cuentos y leyendas de la Lelolandia, como dice el prologuista Federico Irizarry Natal, garantizan un conocimiento, un placer estético del que el lector no se puede apartar.

No les voy a contar el relato De Poetas Pasionarios y Prosélitos Periodistas, que me llama mucho la atención por haberme dedicado al es oficio por casi tres décadas, como tampoco voy a radiografiar cada una de las narraciones, porque para eso tienen que comprar el libro, pero los dejo con una exclamación que me parece genial al concluir ese relato que nos habla sobre los pretensiosos periodistas de “El Potro Póstumo”.

  • “Por el Puente de las Pulgas, pululaba la pensionada partera profiriendo pensativa, palpitando pecho adentro: “periodistas ni periodistas ni que pedos ni puñetas, bah, mmmm ¡so partida de pendejos…!”.

 

Librería El Candil

Calle Sol, esquina Unión

Ponce, Puerto Rico

7 de febrero de 2016

 

Referencias:

La guaracha del Macho Camacho, 1976

Sobre literatura, Nuevas Ediciones de Bolsillo, Barcelona, 2005

El libro de los amores ridículos 1968.

The Most Original Book of the Season; Philip Roth interviews Milan Kundera, 1980

 

Esta entrada fue publicada en Ambiente, Cultura, Derecho, Desobediencia civil, Economía, Filosofía, General, Libertad de Expresión, Libertad de Prensa, Literatura, Música, Milan Kundera, Pedagogía, Periodismo, Política, Propaganda, Psicología, Puerto Rico. Guarda el enlace permanente.

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