Sin conversaciones en la catedral de Mario Vargas Llosa

Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, obtuvo el Premio Nobel de Literatura de 2010. Es el premio a un escritor que no ha hecho otra cosa que luchar por ese reconocimiento. Su rivalidad con Gabriel García Márquez es no solo ideológica sino también literaria. Era el Nobel en lo que el Gabo le llevaba ventaja. Se empató la pelea.

En el plano ideológico Vargas Llosa se movió de la izquierda a la derecha, sabrá Dios por qué motivos, pero lo cierto es que ha resultado un movimiento muy rentable para el escritor industrial en lo que se ha convertido. Sus debates con Günter Grass son memoriales. Su ensayo sobre la Casa Verde, una joya. Su visita a la Universidad de Puerto Rico en Ponce, todavía la recordamos.

Creo que los que aspiran a ser considerados como intelectuales tienen el deber de expresarse sobre los hechos que afectan a la sociedad y tienen el derecho de asumir posiciones. Lo que no es meritorio es que asuman siempre su crítica contra los criticables y no tengan el valor de señalar a los que ostentan el poder de verdad, y en esa dictadura universal que ha construido el Pentágono de Estados Unidos es bien cómodo escribir artículos periodísticos que parezcan más comunicados del Departamento de Estado, que verdaderos análisis de la realidad internacional. Es ahí donde le ha fallado Vargas Llosa al mundo, como lo atestigua el Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano, obra de la que escribe el prólogo. Me hubiese gustado que también escribiera un Manual del Perfecto Americano Feo, pero eso es mucho pedir. Se trata de un político que escribe.

Ahora bien, es una pena que tanto sus críticos como sus amigos, hayan defendido la concesión de su premio no por su obra sino por su inclinación política. de hecho, la declaración de la propia academia sueca,  corresponde más a un político que a un escritor, y parece que ni al propio MVLL le ha incomodado. Los suecos le concedieron el premio por su “cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”. Todavía recordamos los vulgares debates con Fujimori, a quien le abrió el paso para que se instalara en el poder en 1990 , al postularse a la presidencia como un candidato de agua para restarle votos al APRA de Alán García, que presentó a Luis Alva Castro.

Por lo demás, y aparte de sus ensayos extraliterarios, Vargas Llosa cuenta con una obra monumental, elogiada por todos los sectores, al punto de que ni las izquierdas, esas que tanto odia, lo han minimizado.

Su obra cuenta con varios aciertos, tanto comercial como literarios, pero es Conversación en la catedral, la que está fuera del alcance de las demás, incluso La Fiesta del chivo, que recibió una inyección publicitaria sin precedentes.

Su caminar narrativo dio inicio con Los Jefes en 1959, en el que ya se veía su talento para captar la atención de los lectores y su costumbre de exponer su intimidad. Luego vino La ciudad y los perros 1962, y más tarde La casa verde 1966, en la que hizo gala del erotismo. Le siguió Los cachorros 1967 y Conversación en La Catedral en 1969.

Con Pantaleón y las visitadoras en 1973, hizo gala de la narración erótica del poder o del poder del erotismo.

En La tía Julia y el escribidor, en 1977, hizo reír a muchos, mientras que en La guerra del fin del mundo, en 1981, logró que viéramos el ombligo de la desesperanza con Brazil como telón de fondo.

Con la Historia de Mayta, en 1984, se dio un banquete caricaturizando al revolucionario de izquierdas que fracasa y el olvido lo sepulta, mientras que ¿Quién mató a Palomino Molero?, en 1986, se interna en la novela policial al estilo de Raymond Chandler.

En El hablador, publicada en 1987, se interna en el mundo del indigenismo para rastrear los conceptos de la divinidad.

Por su parte, Elogio de la madrastra, publicada en 1988, explora la sexualidad de los adultos en la edad de la rutina y la monotonía, mientras que en Lituma en los Andes, de 1993, se agencia Premio Planeta con Sendero Luminoso en el teclado.

En Los cuadernos de don Rigoberto, de 1997, se vale de El origen del mundo de Gustave Clauvert para presentarnos un cuadro humano del erotismo en tiempos de soledad.

Con La fiesta del chivo, en 2000, aparece nuevamente el tema de la sexualidad y el poder, el tercermundismo y la afición por los caudillos de las sociedades caribeñas.

Mientras tanto en El paraíso en la otra esquina, publicada en 2003, se vale del arte para explorar el significado de las utopías. Travesuras de la niña mala, publicada en 2006, es una novela erótica que baila entre la política y el amor.

Vargas Llosa debe publicar en las próximas semanas, El sueño del celta, basada en la vida de Roger Casement, un cónsul británico que denunció las vilezas del colonialismo y defendió la independencia de Irlanda. Solo he visto unas páginas que adelantó el diario El País.

En fin, Vargas Llosa es un autor prolífico, industrial, sindicalizado y publicitario. Su periodismo parece el de un candidato que siempre está en campaña. No he visto su teatro y la película que logré ver sobre Pantaleón y las visitadoras, fue muy pobre.

Sin embargo, Conversación en la catedral, bien vale el Nobel. El resto ha servido para engordar su resume, como todo lo que escriba de ahora en adelante.

Esta entrada fue publicada en Derecho, Filosofía, General, Guerra, Libertad de Expresión, Libertad de Prensa, Literatura, Mea Culpa, Periodismo, Política, Premio Nobel, Propaganda, Psicología. Guarda el enlace permanente.

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