Un siglo sin soledad y cinco años de fiesta

Su forma de caminar, su amplia sonrisa, su sorprendente memoria y su verbo musical, acompañan a Emilio “Millito” Navarro desde que nació en Patillas, el 26 de septiembre de 1905, pero el aura de inmortal del deporte lo acompaña desde que comenzaron las fiestas en su honor hace cinco años, cuando cumplió un siglo de vida.

Pocos logran traspasar la centena de años cumplidos y en el caso de “Millito” puede que haya logrado duplicar esa hazaña al contar dentro de su piel cobriza más de 200 años de vida. Y es que desde que nació nunca ha estado solo ni las responsabilidades han huido de su agenda, como si el calendario no quisiera abandonarlo nunca.

Al que el periodista deportivo Emilio E. Huyke considerara el “pelotero más completo”, en una columna que escribiera para el diario El Mundo, en los años 50, es uno de los homenajes que más enorgullece a Navarro, firmado recientemente por los Yankees de Nueva York, como uno de los “novatos” que jugaron en las Ligas Negras, y que por el racismo imperante hasta 1947, no pudo participar en las Grandes Ligas.

Y es que Huyke, uno de los más destacados escritores deportivos en la historia de Puerto Rico, vio en “Millito” al pelotero completo, que si bien no ganaba campeonatos de bateo ( eso era para el gran Pancho Coímbre), o campeonatos de cuadrangulares (ese renglón era para Joshua Gibson), o no fuera el más veloz ni el más ágil,  su actuación dentro del diamante le ganaron la estima de los cronistas y fanáticos como el pelotero más eficiente de su época.

Y así ha sido su vida. Eficiente. No es el más alto pero su estatura se mide del torso hacia su rostro. No es el más parlanchín pero cuando habla todos callan para escucharlo. No es el más jocoso pero cuando ríe contagia a los que le rodean. Las veces que lo hemos entrevistado no hemos notado un atisbo de mal humor. Hemos notado seriedad en su rostro, rigor en el uso de la palabra, pero nada de una mala respuesta o una malacrianza.

“Yo me crie en años muy difíciles”, relató al recordar que su vida en Patillas antes de que su familia se mudara a Ponce, a principios de siglo, fue de muchas carencias y escasas recompensas.

En su abultada biografía hay reconocimientos de todo tipo, desde deportivos hasta cívicos, y su longevidad es una experiencia que maravilla, inclusive, a los estudiosos de la vida de quienes llegan y sobrepasan la tercera edad.

Su biógrafa oficial, la Dra. Daliana Murati, se interesó en su vida como parte de su especialidad en Geriatría, y quedó maravillada, al punto de convertirse en toda una autoridad en lo que se refiere a la vida y obra del “pelotero más completo”.

Hace cinco años, una compañía de salud le dedicó una fiesta en el coliseo Juan “Pachín”Vicens, en la que estaba la vedette querendona de los 80, Iris Chacón y la orquesta de José Luis Moneró.  Se trataba de una estrategia de promoción para agasajar a los pacientes del plan que habían sido fieles a la empresa. Chacón deleitó a todos con sus encantos e hizo recordar los presentes sus extraordinarios movimientos de cadera, mientras que Moneró no falló una sola nota en sus interpretaciones.

Cuando le tocó el turno a “Millito”, este se dirigió a los presentes con un gusto, energía y entusiasmo que revivieron a los asistentes las ansias de pararse de sus sillas de ruedas y no solo bailar como la Chacón, o cantar como Moneró, sino correr la cancha como el atleta más completo del mundo.

“Estos homenajes hacen que me den más ganas de vivir”, dijo Millito Navarro, para agregar que además, los reconocimientos significaban para él, la oportunidad de “ser cada día una mejor persona”.

Navarro jugó en Estados Unidos, Venezuela y Puerto Rico. Fue un extraordinario segunda base, pero lo más importante es que sigue siendo un gran ejemplo de civismo, durabilidad, buen humor y una extraordinaria salud, tanto física como mentalmente.

Hace unos años lo visitamos en su residencia, en un cuarto tiene unas pesas livianas (dumbles), y no pierde la costumbre de usar un diente de ajo, ese antibiótico natural que tantos usan.

Sus hijos no lo dejan solo, se trata de un hombre sin soledad, que se pasea por los diamantes de béisbol y las plazas públicas con una sola misión: vivir y dejar vivir.

Hace tres semanas, en una noche, el municipio de Ponce le dedicó un concierto. Millito, como siempre llegó vestido impecablemente de blanco y se paseaba en un Cadillac convertible, mientras decenas aplaudían a su llegada. Nunca está solo, y cuando no está, siempre se nota su presencia.

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