Un gobernador al revés de Dorian Gray

Utilizando imágenes que se asemejan a la novela El retrato de Dorian Gray, del autor irlandés Oscar Wilde, la periodista y escritora Mayra Montero, publicó en el diario El Nuevo Día de San Juan de Puerto Rico, la entrevista “La gente no me acaba de leer”, sobre el gobernador Luis Fortuño Burset, uno de los hispanos con mayor visibilidad en el Partido Republicano de Estados Unidos de América.

Esa entrevista  ( http://www.elnuevodia.com/lagentenomeacabadeleer-675190.html ), fue ampliamente comentada en los programas de radio y en las redes sociales, donde muchos hicieron una lectura superficial y otros una lectura imaginativa. Unos colmaron de elogios a la escritora por no ser como esos “vulgares” preguntadores mañaneros que interrumpen a manera de fiscal de pasillo a los que toman decisiones sobre el destino del país y otros se volcaron en criticas a la periodista por un a entrevista sin ton ni son, sin pies ni cabeza. Dorian Gray envejeció tanto al punto de que no fue reconocido cuando lo encontraron, mientras que el gobernador cada día está más joven.

Son muchas las lecturas que se pueden hacer de esa entrevista y es un buen trabajo para ser discutido en las clases de periodismo y de relaciones públicas, así como por los profesores de los cursos de comunicación política y el de opinión pública y propaganda. Pero también por los de literatura. De entrada, Montero hace un paralelismo entre la obra maestra de Wilde y el jardín de La Fortaleza.

– The studio was filled with the rich odour of roses, and when the light summer wind stirred amidst the trees of the garden, there came through the open door the heavy scent of the lilac, or the more delicate perfume of the pink-flowering thorn-. Así comienza El retrato de Dorian Gray.

Por su parte, Montero, comienza su artículo haciendo alusión, precisamente, a Dorian Gray, quizá para ir guiando al lector sobre el mensaje que pretende transmitir de la terrible experiencia de entrevistar por primera vez en su vida a un robot, a una computadora que se convirtió en gobernador sin aroma de una colonia perfumada, pero que como en el caso de la novela de Wilde, se trata de un estudio sobre el narcisismo.

– Nadie se llame a engaño: ni canoso, ni mustio, ni arrugado por la mala vida del poder. A sus 49 años, es el retrato de Dorian Gray, pero al revés. Como no me lo creo, lo miro disimuladamente para ver si descubro rastros de maquillaje. Pero nada. Cara lavada. Impresionante el hombre. No quiero pensar lo que será en pijama. Un muchachito. Está más joven que la última vez que lo vi de cerca, hace año y pico, en plena campaña. No voy a preguntar cómo lo hace. Estamos para lo que estamos, y no para entrar en la frivolidad de la apariencia. Pero lo vuelvo a mirar: ¿se untará cremas? ¿Se meterá en la cámara hiperbárica?

“Este es el jardín hundido”, me ilustra Luis Fortuño mientras le toman fotografías entre laureles frondosos y burbujeantes nubes de cotorras. Le pregunto si no tiene un perro. –

Para remachar, Montero finaliza su entrevista con el siguiente diálogo.

– Una última cosa, Gobernador, ¿qué perfume usa? Porque el aroma me está llegando aquí desde que me senté, sale por la ventana, trepa subrepticiamente por los árboles y tal parece que envuelve a las cotorras.

“¿Perfume? Dios mío, qué sé yo, ¿qué perfume es? Déjame pensar… Es que no me acuerdo”.

No importa, Gobernador. Si lo bonito es que no se acuerde. ¿Cómo es el frasco?.

“Es un frasco alargado…”.

Estoy ensimismada, mirando el frasco imaginario que sale de las manos del Gobernador, y en ese instante interviene el fotógrafo.

“¿No será Issey Miyake?”, dice con toda candidez.

“¡Ese!”, salta Fortuño, “es ese mismo: Issey Miyake”.

Gobernador, le digo, se lo acaba de inventar para salir del paso.

“Que no, que no, que de verdad es Issey Miyake”.

Le dedico una mirada al fotógrafo. ¿Cuándo fue la última vez que un reportero asesinó a un fotógrafo?

Nos levantamos entonces. Han pasado dos horas. Por la bahía en silencio entra un barco en puntillas. Es el Carnival Glory. Le ladra ningún perro desde el jardín hundido. –

Por su parte, Wilde, termina su novela con el siguiente texto.

– He looked round and saw the knife that had stabbed Basil Hallward. He had cleaned it many times, till there was no stain left upon it. It was bright, and glistened. As it had killed the painter, so it would kill the painter’s work, and all that that meant. It would kill the past, and when that was dead, he would be free. It would kill this monstrous soul-life, and without its hideous warnings, he would be at peace. He seized the thing, and stabbed the picture with it.

There was a cry heard, and a crash. The cry was so horrible in its agony that the frightened servants woke and crept out of their rooms. Two gentlemen, who were passing in the square below, stopped and looked up at the great house. They walked on till they met a policeman and brought him back. The man rang the bell several times, but there was no answer. Except for a light in one of the top windows, the house was all dark. After a time, he went away and stood in an adjoining portico and watched.

“Whose house is that, Constable?” asked the elder of the two gentlemen.

“Mr. Dorian Gray’s, sir,” answered the policeman.

They looked at each other, as they walked away, and sneered. One of them was Sir Henry Ashton’s uncle.

Inside, in the servants’ part of the house, the half-clad domestics were talking in low whispers to each other. Old Mrs. Leaf was crying and wringing her hands. Francis was as pale as death.

After about a quarter of an hour, he got the coachman and one of the footmen and crept upstairs. They knocked, but there was no reply. They called out. Everything was still. Finally, after vainly trying to force the door, they got on the roof and dropped down on to the balcony. The windows yielded easily–their bolts were old.

When they entered, they found hanging upon the wall a splendid portrait of their master as they had last seen him, in all the wonder of his exquisite youth and beauty. Lying on the floor was a dead man, in evening dress, with a knife in his heart. He was withered, wrinkled, and loathsome of visage. It was not till they had examined the rings that they recognized who it was. –

Montero nos ha presentado el cuadro de un narcisista, pero de un Dorian Gray al revés, que no teme apretar el botón de los verdugos, sin sonrojarse, sin envejecer, sin entretenimientos aromáticos. Lo obvio no hay que explicarlo.

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6 respuestas a Un gobernador al revés de Dorian Gray

  1. Nilsa Pietri dijo:

    Excelente, Reinaldo. La entrevista de Mayra es, así como la expones, muy reveladora de la personalidad del Gobernador. Y el juego con Dorian Gray queda muy bien hilvanado a través de la entrevista. Te felicito por tu análisis.
    Nilsa

  2. Reinaldo Millán dijo:

    Gracias, Nilsa.

    • Carmen Enid dijo:

      Realmente buenísimo. Lo más que me gusta es que la analogía literaria le cae como anillo al dedo y le da un contexto cultural a la entrevista muy atinado. Ese es el Dorian Gray, al inverso, y del Caribe.

      Excelente análisis, Reinaldo.

  3. ¡Fantástico! Muchas gracias por tu análisis.

  4. Benjamin Torres Gotay dijo:

    Excelente artículo, Rey. Al leer la entrevista pensé exactamente lo que planteas tú en tu artículo: un robot.

  5. Reinaldo Millán dijo:

    Gracias por los comentarios.

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