Caridad por publicidad

Queda mucho para la reconstrucción de Haití. La solidaridad no tiene almanaques. Hacen falta más manos. Y que nadie vaya a dar caridad a cambio de Publicidad como los médicos puertorriqueños que publicaron 1,200 fotos de sus ejecutorias en la frontera entre República Dominicana y Haití bajo la inscripción “Salvemos Haití: Senado de Puerto Rico”.

Escándalo Mundial para El Nuevo Día, Imprudentes para Primera Hora e Indignación para El Vocero. Esos fueron los titulares de la prensa boricua en castellano, mientras que el diario Daily Sun tituló la denuncia como Aid relief blunder, algo así como Metida de Pata. Fue El Vocero, el que único medio que no editorializó el titular de portada sino que recogió la noticia del día que fue la indignación de un pueblo por la falta de madurez y de ética de un puñado de médicos que fueron de voluntarios con el Senado de Puerto Rico a brindar socorro a las víctimas del terremoto que destruyó todo lo que quedaba de pie en Haití, dejando más de 200 mil muertos y más de 100 mil huérfanos.

El Nuevo Día se preocupó más por la imagen internacional del país, mientras Primera Hora por las relaciones públicas de los médicos, que de las faltas éticas y profesionales del caso, que fueron rechazadas por una inmensa mayoría del pueblo.

Y es que son muchas las lecturas que se pueden hacer sobre ese episodio, cuyas 1,200 fotos debieron reflejar lo bonito que hicieron pero no fue así y eso no es culpa de los que se han indignado ni de la que encendió la luz roja sino de quienes publicaron las fotos en FB.
Hay defensas que matan y las cárceles están llenas por malos testigos. Hay que aclarar que este no es un asunto religioso sino terrenal con todas sus consecuencias humanas e inhumanas. Por suerte, las notas internacionales que he visto lo que destacan es que hay un pueblo indignado por el escándalo. Bochorno sentiría si en vez de indignación la noticia que viajara por el mundo dijera “Puertorriqueños respaldan fotos en FB que denigran pacientes haitianas”.
Desde el punto de vista de imagen pudo ser peor si no se hubiese recogido esa indignación. Y no ignoro que haya hipócritas como los que patrocinan shows como La Comay. Ahora bien, desde el punto de vista de la dignidad humana, que es lo verdaderamente importante, estoy convencido de que ninguno de esos médicos o doctoras hubieran permitido que de sus hijas se hubieran publicado fotos semejantes a las que se reprodujeron en FB de las indefensas haitianas que vieron como se abrió la tierra y el techo les cayó encima. La explicación de que tomaron fotos para documentar su trabajo está bien pero publicarlas en una red social es inaceptable.
Yo, que no soy moralista y que sé que no le van a quitar sus licencias, esperaría que se disculparan y regresaran a Haití a prestar verdadera ayuda humanitaria y no caridad por publicidad. Haití todavía no se ha recuperado, hacen falta más manos. Yo los enviaría a una nueva misión humanitaria en Puerto Príncipe, para que demuestren su arrepentimiento haciendo lo que mejor deben saber hacer, salvar vidas y curar pacientes.

Ciertamente, lo que empieza mal termina peor. Este asunto tiene múltiples vertientes. Los comunicadores lo veremos desde el punto de vista del manejo de la opinión pública y la ética periodística. Los médicos deben verlo desde la óptica de la conducta legal profesional. Los pacientes desde el punto de vista de la protección de su intimidad. Las autoridades desde el punto de vista de la imagen internacional. Los religiosos desde el punto de vista de la falta de humildad con respecto a la caridad. Los sociólogos desde el punto de vista racial. Los psicólogos pudieran verlo desde un punto de vista de la personalidad y los psiquiatras desde la óptica de la conducta los trastornos mentales no solo de un grupo de profesionales sino de una sociedad. No faltará quién lo vea desde una perspectiva de género y o de poder sexual.
Y desde el punto de vista político hay que verlo desde la responsabilidad vicaria del presidente del Senado al propiciar con su desafío a la Rama Ejecutiva en un marco de protagonismo extremo, un clima de inmunidad e impunidad entre los actores que se montaron en el barco de la propaganda de la caridad. No hay duda. Lo que empieza mal termina peor.

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