Ha muerto Howard Zinn

Hace como dos décadas encontré un libro que me llamó la atención grandemente. Era un libro de historia sobre Estados Unidos, pero no era hecho por los historiadores oficiales o propagandistas fanáticos de las películas de John Wayne. Era un libro de historia que cuestionaba la historia de Estados Unidos y la ponía en perspectiva precisamente con la voz de los marginados, con la voz de los trabajadores, con la voz de los explotados, con la voz de los negros, con la voz de las minorías, con la voz del pueblo y no la de las corporaciones y sus empleados: los políticos.

El libro se titulaba A People’s History of the United States . Fue traducido a varios idiomas. En español la editorial Siglo XXI Editores publicó La otra historia de los Estados Unidos, libro que todavía conservo. Admito que una primera copia la presté a mi compadre Carlos con las consecuencias inevitables de que nunca fue devuelto y puede que ni leído. Su autor Howard Zinn, profesor y activista político murió este mes a los 87 años de edad de un ataque al corazón.

Hace unas semanas presentó el documental THE PEOPLE SPEAK (El Pueblo Habla) bajo la producción de Matt Damon, Josh Brolin, Chris Moore, Anthony Arnove,  y con la participación de Allison Moorer, Benjamin Bratt, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Chris Robinson, Christina Kirk, Danny Glover, Darryl “DMC” McDaniels, David Strathairn, Don Cheadle, Eddie Vedder, Harris Yulin, Jasmine Guy, John Legend, Josh Brolin, Kathleen Chalfant, Kerry Washington, Lupe Fiasco, Marisa Tomei, Martin Espada, Matt Damon, Michael Ealy, Mike O’Malley, Morgan Freeman, Q’orianka Kilcher, Reg E. Cathey, Rich Robinson, Rosario Dawson, Sandra Oh, Staceyann Chin, y Viggo Mortensen.

Zinn publicó A People’s History en 1980 yen el que celebró a los trabajadores, feministas y opositores a la guerra, así como atacó a los conquistadores abusadores en América. Se ganó muchos enemigos, especialmente del oficialismo corporativo, pero nunca se dio golpes de pecho reclamando la verdad absoluta, la infalibilidad histórica o la propiedad exclusiva de esa ficción de llamamos “objetividad”.

No esperemos que los Vargas Llosa de la vida lamenten la muerte de Zinn. Curiosamente los defensores de la democracia comercial que atacaban y seguirán atacando a Zinn al igual que lo hacen con Noam Chomsky, lo utilizaban de ejemplo de la cuota de disidentes en un sistema que no promueve la disidencia, del mismo modo en que lo debe hacer una dictadura perfecta, ahogando sus voces dentro de las aulas y los medios de “izquierdas”. Zinn descubrió que existe un enorme déficit democrático en Estados Unidos, más grande que el comercial y eso no se discute en las grandes cadenas televisivas porque es peligroso. Vargas Llosa nunca sabrá, porque no le conviene, cual es la dictadura perfecta. Zinn no solo lo descubrió sino que lo denunció hasta el último de sus días. Por eso, al igual que lo han hecho con Chomsky, trataron de que sus ideas no salieran de los salones de clases para convertirlos en artículos de consumo exclusivo de los sectores progresistas con la famosa etiqueta segregacionista de “hombre de izquierdas”.

Un día de estos, como respuesta a los torpes que publicaron el Manual del perfecto idiota latinoamericano, se le ocurra a algún progresista de Estados Unidos, publicar el Manual del perfecto idiota angloamericano, en el que destape las verdades del pensamiento político oficialista de los que promueven el “God bless America”.

El libro de Zinn fue para mi la versión americana de Las venas abiertas de América Latina que Eduardo Galeano publicó en 1971. Cada cual en su materia y cada uno con su estilo ayudaron a desmitificar la historia de los que ganan guerras, imponen sistemas y trasponen culturas, con trabajos de interpretación histórica desde una perspectiva histórico social como ya lo había hecho José Carlos Mariátegui en Perú en 1928 con los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Leamos este artículo de Zinn sobre Obama publicado en el diario La Jornada de México.

La guerra y los premios Nobel de la Paz
Howard Zinn
La Jornada

Me apabulló saber que a Barack Obama le dieron el Premio Nobel de la Paz. Es un golpe, realmente, pensar que a un presidente que lleva adelante dos guerras se le otorgará el Premio Nobel. Hasta que recordé que Woodrow Wilson, Theodore Roosevelt y Henry Kissinger recibieron, todos, sendos premios Nobel de la Paz. El comité del Nobel es famoso por sus apreciaciones superficiales, porque les gana la retórica y los gestos vacíos y por ignorar las flagrantes violaciones a la paz mundial.Sí, Wilson se llevó el crédito por la Liga de las Naciones –ese ineficaz organismo que nunca hizo nada por evitar la guerra-. Pero él bombardeó la costa mexicana, envió tropas a ocupar Haití y la República Dominicana y metió a Estados Unidos al matadero que fue Europa en la Primera Guerra Mundial, con toda seguridad una de las más estúpidas y mortíferas guerras de la lista.

Y claro, Theodore Roosevelt gestionó una paz entre Japón y Rusia. Pero fue un amante de la guerra: participó en la conquista estadunidense de Cuba haciendo creer que la liberaba de España mientras le apretaba las cadenas estadunidenses a esa pequeña isla. Y como presidente encabezó la sangrienta guerra para subyugar a los filipinos, al punto de felicitar al general estadunidense que justo acababa de masacrar a 600 pobladores indefensos. El Comité no le dio el Premio Nobel a Mark Twain, quien denunció a Roosevelt y criticó la guerra, ni a William James, líder de la liga antimperialista.

Ah, sí. Al comité le pareció bien otorgarle el premio de la paz a Henry Kissinger, porque firmó el acuerdo final que terminó la guerra en Vietnam, de la cual fue uno de los arquitectos. Kissinger, que obsequioso le siguió la línea a la expansión de la guerra que Richard Nixon promovió, con los bombardeos a las comunidades campesinas de Vietnam, Laos y Camboya. Kissinger, que encarna con mucha precisión la definición de lo que es una guerra criminal, a ése le dan el Premio Nobel de la Paz.

No deberían otorgar el premio de la paz sobre la base de las promesas hechas –como ocurre con Obama, un elocuente fabricante de promesas– sino sobre la base de logros reales encaminados a poner fin a una guerra, y Obama continúa con acciones militares letales e inhumanas en Iraq, Afganistán y Pakistán.

El comité del Nobel de la Paz debería retirarse tras entregar sus enormes fondos a alguna organización internacional de la paz que no se apantalle con el estrellato y la retórica, y que tenga algún entendimiento de la historia.

Escuchemos una lección del Dr. Zinn para el canal de televisión de la Universidad de Berkeley en California.

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