La insoportable levedad del ser

Milan Kundera publicó en 1984, La insoportable levedad del ser, una novela que esperé 25 años para leerla. Y no es que me intimidara el escritor checo convertido al francés, sino que no tuve interés en su obra hasta este año, uno de gran importancia existencial para mí.

La obra, ambientada en la Praga de 1968, narra la historia de un hombre, Tomás,  que enfrenta sus dudas existenciales en diversos planos, desde las relaciones en pareja, en los que trata los subtemas del sexo y el amor, pero dentro de un marco histórico, político y social, en el que el autor examina la idea de la existencia y la necesidad o inutilidad del eterno retorno, hasta su relación con el ambiente, el entorno, el sistema y la sociedad. Teresa, Sabina, Franz y Karenin, rodean y redondean su vida.

Kundera nos presenta personajes dentro de una sociedad invadida y totalitaria, que buscan sentido a sus vidas dentro de su relación con otras vidas, de las expectativas que cada uno tiene de si hasta de las que cada cual tiene de los otros.

En ese sentido la obra toma el concepto del eterno retorno de Nietzsche  que también fue estudiada por Borges en sus magnificas obras literarias. El existencialismo se manifiesta en las innumerables citas que el autor fabrica en sus diálogos. Frases como, el amor, por definición, es un regalo no merecido”, o  “El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia”, hasta la famosa  línea “El desacuerdo con la mierda es metafísico. El momento de la defecación es una demostración cotidiana de lo inaceptable de la Creación, son ejemplo de la creatividad de Kundera y su raigambre filosófica, la misma que desencadena reflexiones en cada lector. “El hombre desdichado busca un consuelo en la amalgama de su pena con la pena de otro”, y “La nostalgia del paraíso es el deseo del hombre de no ser hombre”, son dos frases que recogen una dimensión filosófica ruda, dura y al mismo tiempo divertida.

Kundera, como Borges y Nietzsche, tiene en su narrativa la gracia de contar con humor el dolor humano y con rudeza y dureza las contradicciones de las frivolidades cotidianas.

En la insoportable levedad del ser, Kundera recrea escenas cotidianas, pero dibujadas  con un profundo sentido filosófico. ¿Qué hacemos en este mundo, para qué vivimos, hacia donde vamos, por qué necesitamos amar y que nos amen, de qué nos sirve la memoria, para qué queremos documentar la historia, qué es la libertad, qué es la intimidad? , son algunas interrogantes que surgen al leer la obra.

En 1988, la obra fue llevada al cine por Philip Kaufman, con Juliette Binoche como actriz principal y el insuperable Daniel Day-Lewis en el papel de Tomás. No he tenido la oportunidad de verla, una profesora de literatura me recomendó que no la viera. Estoy esperando por Netflix para hacerlo. Ya les contaré. Por lo pronto YouTube nos regala el tráiler.

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